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Posts Tagged ‘10.000 almas’

Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
(1 Samuel 1:1,2)

Así comienza la historia en que se manifiesta el extraordinario amor de una madre y la maravillosa provisión de Dios. Antes que fuera madre, Ana había sido privada de tener hijos. «Su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos» (v. 6). Cuando cada año iban el templo en Silo para ofrecer sacrificios a Dios Ana lloraba, y no comía. Su esposo Elcana le preguntaba: «¿No te soy yo mejor que diez hijos? » (v. 8).

Dios ha puesto en el corazón de la mujer el deseo de la maternidad, y aunque Ana amaba a su esposo, y él le mostraba cuánto la amaba, había en ella un gran vacío, que sólo un hijo podía llenar.

UN VOTO HECHO A JEHOVÁ

Fue entonces que optó por derramar la amargura de su alma ante Jehová, «y lloró abundantemente» (v. 10). Ana hizo voto, y prometió a Dios que si le daba un hijo varón, ella lo dedicaría a Jehová todos los días de su vida.

Su oración fue larga y silenciosa; solamente movía sus labios. «Ana hablaba en su corazón» (v.13), y el sacerdote Elí pensaba que estaba embriagada. Pero no era eso; Ana había derramado su alma delante de Jehová. Y desde ese día ya no estuvo más triste.

LA IMPORTANCIA DE CUMPLIR LOS VOTOS

Muchas veces hacemos promesas a Dios, y cuando se cumplen nos olvidamos de los votos hechos. No así Ana. Para nunca olvidar que su hijo era una respuesta a su oración, le puso por nombre Samuel, diciendo: «Por cuanto lo pedí a Jehová» (v. 20).

Una madre puede imaginar los pensamientos que pasaron por la mente de Ana al ver a su pequeñito. Cada vez que pronunciaba su nombre, recordaba su oración a Dios y la promesa hecha de devolverlo al Señor. Después que lo hubo destetado, lo llevó a la casa de Jehová en Silo y cumplió su voto a Dios.

La Biblia nos da un detalle importante: «y el niño era pequeño» (v.24). No era un joven que Ana entregó al cuidado del sacerdote Elí, diciendo: «Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová» (v. 27,28). ¡Era un pequeñito que Ana dejó en el templo!

En 1 Samuel 2:1-11 tenemos la hermosa oración de Ana, que muestra el gozo que ella sintió al dar su ofrenda: su primogénito. Como era estéril, no tenía esperanzas de tener otro hijo, pero gozosamente entregó a su «Samuelito» a Jehová.

«Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado» (2:18,19). ¡Con cuánto amor habría confeccionado Ana las túnicas para su hijo!

Dios tuvo misericordia de esta mujer tan sincera y desinteresada en su amor al Señor y le dio otros tres hijos y dos hijas. «Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres» (2:26).

UN FIEL PROFETA DE DIOS

En el capítulo tres tenemos la historia muy conocida de cuando Dios llamó al joven Samuel y le habló en el silencio de la noche. Tal vez él ya era adolescente cuando respondió al llamado de Dios: «Habla, porque tu siervo oye» (3:10).

«Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová» (3:19,20).

Dije al principio que en esta historia se manifiesta el extraordinario amor de una madre. Cualquier madre sabe cómo es la angustia de su corazón si tiene que partir con alguno de sus hijos. Ana, gozosamente, entregó lo más preciado al servicio de Dios. Es natural que hubiera sentido una enorme angustia al dejar a su pequeñito. Por otro lado, ¿cómo se habrá sentido Samuel? Posiblemente muchas veces su madre le había explicado acerca de su promesa y que él era un niño que ella había dedicado a Dios.

DIEZ MIL ALMAS POR SAMUEL

Esta es la historia de otro Samuel. Años atrás, Rees y Elizabeth Howell, misioneros en África, hicieron un sacrificio muy doloroso. Cuando ellos fueron llamados a la obra misionera, debido a las circunstancias en aquellos tiempos, no era conveniente que llevaran consigo a su hijo Samuel. Unos tíos se ofrecieron para criar al niño. El Señor les mostró la recompensa que les daría, y dijo: «Por todo lo que ustedes sacrifiquen por mí, la cosecha será del ciento por uno, y por este sacrificio les daré 10.000 almas en África.»
Durante los seis años que pasaron los esposos Howells en África hubo un avivamiento tal que la promesa de 10.000 almas se cumplió. A veces este misionero tenía que predicar a través de tres intérpretes, porque había tantas tribus. Habían pagado el alto precio de estar separados de su hijo; pero nada de lo que sacrificamos nosotros se puede medir con el Calvario.
Lo más cercano al corazón de nuestro Salvador es la salvación del mundo. ¡Nada vale más! Él nos necesita en su obra para alcanzar a los perdidos. El mayor sacrificio de Rees y Elizabeth Howells fue su hijo Samuel. Dios los premió con 10.000 almas.

¿Cuál fue el «premio» de Ana? ¡Su hijo Samuel fue fiel profeta de Jehová!

«No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad» (3 Juan 4) escribió el apóstol Juan.

JEHOVÁ-JIREH

«Dios provee» he puesto como título de la hoja para colorear de esta semana. Ayer una amiga me trajo esto al recuerdo, que Dios es Jehová-Jireh, el Dios que provee. El gran deseo de Ana fue de tener un hijo. Dios oyó su oración.

En cualquiera que sea tu necesidad, confía en Jehová-Jireh. Dentro de un mes voy a hacer un viaje para visitar a mi padre. Para ese viaje he puesto como lema: Jehová-Jireh. He comprado un cuaderno para llevar un diario de las maravillas que Dios hará en ese viaje, y el título es: Jehová-Jireh. ¿Qué pide Jehová-Jireh de mí? ¿Qué pide de ti? Lleva tu propio diario de las maravillas que hace Jehová-Jireh en tu vida.

«¿Y qué pide Jehová de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Miqueas 6:8).

No olvides que si has hecho una promesa a Dios, tu deber es cumplirla.

OTRO NIÑO QUE VIVÍA EN EL TEMPLO

La historia de hoy es de un niño que vivía en el templo, en la Casa de Oración en Huancayo, Perú. La responsabilidad de su madre era cuidar el templo y hacer la limpieza.

Dios se interesa por los detalles de nuestra vida y cumplió un gran deseo que tenía esta niño de comer pollo a la brasa.

Haz clic para la historia:  148 Pollo a la brasa

La historia en color: 148 Pollo a la brasa color

Hoja para colorear: 148 Dios provee

Hoja de actividad: Pedido a Dios

Repuestas:

Fotos del templo donde vivía Saúl con su madre y su hermana. La niña con la Biblia es Ana María, hermana de Saúl. En el gráfico (centro inferior) marcábamos la asistencia semanal.

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